miércoles, 17 de enero de 2018

La Envidia o la Frustración por no ser Perfecta.


Esta mañana me preguntaron si he sentido envidia y, la verdad, tuve que tomarme unos laaaargos segundos para responder. Tras pensar en ello con el propósito de ser lo más honesta posible, llegué a la conclusión de que si, de que he sentido y siento envidia. He sentido envidia por los superpoderes que no tengo y que pienso que tienen otros.

Me daba envidia el cuerpo espectacular de Elisabeth,
Me daban envidia las notas de Isabel, la "primera de la clase",
Me da envidia la personalidad neurotípica y equilibrada de Maria,
Me da envidia el éxito de compañeros de profesión...

Envidio a las personas que, de una u otra forma, admiro. 

Siento envidia y, no lo voy a negar, me reconcome porque el éxito de los otros me recuerda mi mediocridad, mi imperfección y es muy doloroso saber que eres gris, anodina cuando tienes una mente orgullosa, rígidamente orgullosa que no te permite "ser menos".

Si.. siento envidia, pero no inquina, aversión, antipatía hacia esas personas, ni les he deseado nada malo. Nunca he malmetido hacia esas personas que yo sea consciente. Pero la presencia de esas personas me hacen sentir pequeña y eso me produce mucha inseguridad y frustración. Entonces es cuando suelo: 
  • Huir: Alejarme para no sentir la frustración de mi mediocridad, de mi pequeñez.
  • Admirar: Llorar y flagelarme a solas por sentirme inferior.
  • Aceptar con dolor: autoconvenciéndome de que soy mediocre y no hay nada que hacer. La resignación que lleva a la humildad, a una humildad enfermiza.

La envidia y el orgullo son lo que me han movido a mejorar. La sensación de mediocridad es tan dolorosa que se torna insoportable; por lo que lo único que se puede hacer es intentar ser mejor, lo mejor que se pueda ser.

La envidia y el orgullo quedan ocultas en un halo de humildad, de una ficticia humildad que esconde la frustración por no llegar a la perfección.

Si te envidio es que te admiro. 
Tu éxito me recuerda mi fracaso,
y eso... es muy doloroso.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Los otros



No siento enojo, ni animadversión, ni tengo sentimiento de resarcimiento hacia los otros, hacia los "comunes". 

Es cierto que me ha costado integrarme en el mundo mágico del ser humano y que me he sentido excluida en demasiadas situaciones; pero -como he comentado de soslayo, en alguna entrada del blog- no puedo culpar a los otros, a los "comunes". 

Si, es cierto que algunas personas, con sus ironías malvadas me lo han hecho pasar mal, muy mal y que en un momento sufrí de acoso -yo diría que sexual porque fueron los chicos quienes se metieron conmigo-. 

Si, es cierto que hay personas que me han usado cuando no tenían a nadie más. Estaban aquellas "amigas" que te venían a buscar -a modo de relleno- cuando no tenían a nadie más. 

Si, es cierto que se han aprovechado de mi ingenuidad -incluso ahora- y que en algunas ocasiones me he sentido como un "profesional de segunda" que acude al rescate cuando se lo piden por no saber decir que "no". 

Si, es cierto que hay gente maliciosa; pero, la verdad, es que no siento odio ni rencor por nadie. 

Debo, en contrapartida, pensar en todos aquellos "comunes" que han confiado en mí, que me han intentado ayudar, que me han intentado integrar y que yo no he sabido/podido aceptar. 

En esta categoría recuerdo a una de mis profesoras en el instituto que viendo algo en mi un día se me acercó y me ofreció su ayuda. Mi orgullo denegó esa ayuda. Ella, a su manera me ayudó: debió de presionar al resto de profesorado para que me aprobaran y así poder acceder a la selectividad. Gracias a ella tuve la oportunidad de acceder a la universidad. 

En esta categoría recuerdo también a otra profesora en la universidad que, confiando en mi trabajo, me propuso participar en su equipo de investigación y hacer el doctorado, a pesar de que mi nota media era relativamente mediocre. 

En esta categoria puedo nombrar a otras personas "comunes" que, sin llegar a ser "amistades íntimas" sé que me aprecian y que si las necesitara allí estarían, como lo estaría yo por ellas. 

Mi exclusión, durante la infancia, no fue malintencionada por las demás compañeras. De echo, algunas de ellas hicieron verdaderos esfuerzos por integrarme. Me venían a buscar en los momentos de patio, se acercaban a mí. Era yo la que no sabía qué hacer cuando otra persona se me acercaba. 

Eso mismo me ha pasado esta semana. En un encuentro social con "comunes", ellos se dirigían a mí, me miraban para hacerme participar en la conversación. Sé que los demás hacen esfuerzos por integrarme, pero soy yo la que no puede seguir ese flujo social... Soy yo. No puedo culpabilizar a los otros...

No siento rencor, ni rabia. En realidad siento envidia hacia ellos... Ellos tienen el privilegio de pertenecer al mundo mágico de "lo social" con sus ventajas e inconvenientes -me imagino-, pero mágico. Sé que ese mundo está vetado para mí. Ya he intentado montones de veces acceder a él y si... he estado allí, pero no tengo la llave para disfrutar como lo hacen los otros, para "conectar". 

Si... no lo negaré. Me da tristeza no pertenecer a ese mundo fantástico de lo social al estilo "común". Cuando les veo disfrutar me da mucha envidia, tristeza y frustración. Envidia por no poder sentir esa alegría y espontaneidad al relacionarse con otros que no tiene fin, tristeza porque al verlos reír me hacen pensar en todo lo que me pierdo y frustración porque con todos los esfuerzos que hago no consigo llegar a ellos. Cuando huyo de ellos es para evitar esos sentimientos de tristeza y frustración que me recuerdan lo inútil social que soy.  De verdad, no siento resentimiento hacia los otros, ¡¡¡de verdad!!!.. En el fondo, me dan envidia, "envidia sana". 

Comunes: 
Disfrutad de vuestros superpoderes sociales. 
Tenéis un gran regalo de vida, no los desaprovechéis. 


sábado, 30 de diciembre de 2017

La invisibilidad o como ser "Nadie"




Me preguntan sobre mi infancia, si mis dificultades para manejarme en el mundo social también se daban entonces. Yo diría que entonces eran muy evidentes, pero que nadie las vio.

¿Por qué no vieron nada?

¿Por mi gran habilidad para pasar desapercibida?, ¿Por mi gran capacidad para ocultar mis dificultades? 
NO

¿Ocultar?, ¿Camuflar?, ¡¡Yo no sabía ocultar!! Yo no sabia que podía copiar para mimetizarme o camuflar...

Estaba muy claro, pero nadie veía las señales. Yo era una niña invisible:

¡¡No molestaba!!

Pero no siempre fue así. Me recuerdo hasta los seis años como una niña "espabilada", risueña, deshinibida, aunque también muy independiente. No necesitaba de nadie para entretenerme. Yo solita me servía, pero si venía algún niño a jugar también me lo pasaba bien. Recuerdo jugar en el patio de casa de mi tía con un vecinito que venía de vez en cuando y me lo pasaba bien con él buscando a mi tortuga entre las piedras, correteando, etc. Pero sin él también me entretenía sin problemas. 

Desde los tres a los seis años estuve viviendo con mi tía paterna tras la muerte de mi madre. Para mi no fue una época triste, sino todo lo contrario. Vivir con mis tíos me dio una estabilidad y tranquilidad que no recuerdo de otro momento vital. Por entonces, me recuerdo como una niña vivaracha, ágil y también algo terca. Me cuentan que, solía subir a la casa de la vecina a supervisar si había hecho las tareas domésticas: si había hecho las camas, si estaba preparando la comida, si tenía la casa aseada. Yo debía de ser algo así como un inspector de las normas del buen hacer... Me lo han contando como una anécdota divertida sobre mí , pero yo lo recuerdo como algo serio. Yo no subía a casa de la vecina para hacerla reír. Yo iba a comprobar si estaba cumpliendo con su deber... Me imagino, que para los demás debía de ser algo divertido que una renacuaja de unos cuatro o cinco años asumiera el papel de inspector de la tribu. 

Esa niña alegre, avispada desapreció de repente a los seis años. A los seis años, con la entrada en el colegio todo cambió. El primer día que fui al colegio -esto ya lo he comentado en otras entradas del blog- me perdí. Me perdí físicamente en el colegio. No sabía qué hacía allí, que tenía que hacer y... desde ese día me perdí física y mentalmente. No entendía nada. 

Hasta entonces, mi vida social con mis tíos era muy simple y anticipable. Siempre se hacía lo mismo. Mi tía mantenía una rutina estricta que proporcionaba orden a la vida. Era poco comunicativa y cariñosa, pero me daba mucha seguridad. Mi tío era el divertido y me hacía rabiar -en broma-. Yo vivía en un mundo sencillo que olía a limpio, a orden, a calma y a espacio. No recuerdo jugar con niños, pero como he dicho, creo que no los he necesitado. 

La entrada al colegio fue como una abducción. Verme envuelta de repente en un mundo caótico, con muchas niñas que no conocía y que no sabía que hacer con ellas. Fue como un "estrés postraumatico". A partir de ese día me paralice, literalmente, me paralicé. Nunca he tenido estereotipias que me pudieran ayudar a exteriorizar la tensión. Al revés, mi cuerpo dejó de moverse. Necesitaba de las instrucciones externas -a modo de robot- para estar en el mundo. Me costó mucho usar la estrategia de "copiar" a los demás. Empecé a copiar rutinas muy claras; por ejemplo, salir al patio cuando sonaba el timbre o cuando la profesora lo decía, ir a casa cuando sonaba el timbre -también- para marchar, etc. Pero no supe copiar "conductas sociales". Recuerdo los momentos "entre clases" en los que las compañeras se levantaban para hacer corrillo y socializar hasta que llegaba la profesora. Yo, en esos momentos seguía clavada en la silla sin saber que hacer. Nunca me acerqué a los círculos de las otras niñas. Era como estar, literalmente, clavada en la silla. No era una timidez -eso me costó mucho hacérselo entender a una de las psiquiatras súper expertas con la que consulté-. Era algo tan simple y profundo como: no entender qué hacían ellas y no saber qué podía yo hacer, qué decir. Era como tener el disco duro de mi mente sin datos... "en blanco". Así pasó toda mi infancia... Yo era la "niña fantasma". 

¿Cómo es ser una "niña fantasma"? 

Es triste, muy triste. Más que triste, es angustiante. Es como estar solo en el universo de por vida. No tengo la suficiente fluidez verbal como para explicar lo difícil que fue vivir en la más absoluta soledad. Lo mas triste era verlas a ellas reír y pasárselo bien. Yo no podía entrar en ese mundo social que me parecía mágico. ¿Por qué yo no tenía la llave para entrar en ese mundo mágico?, ¿Por qué yo si en mis genes tenía a aquella niña vivaracha y risueña?, ¿qué pasó con aquella niña avispada, alegre?... Desapareció de la noche al día. Nunca más la recuperé. 

Nunca fui una niña "simpática", "divertida". Socialmente no era alguien atrayente para invitarme a jugar... pero, ¿cómo iban a invitar a jugar a alguien que no existía?. En los momentos del patio solía estar sola y permanecía sentada en las gradas esperando que sonara la sirena para la vuelta a clase. Algunas compañeras me invitaban a jugar. A veces iba y otras veces no. No porque no quisiera ir con ellas a "integrarme" en ese mundo mágico de las risas, sino porque era consciente -ya entonces- de mi ineptitud social, de no saber cómo manejarme en el flujo social y eso me generaba mucha tensión y me quedaba, de nuevo, paralizada. Tengo que reconocer que mis compañeras no han sido malas conmigo y que, incluso, han intentado integrarme. He sido yo quien no ha podido integrarse en ese mundo mágico al que pertenecían los otros. Ese mundo se me hacía grande.. y se me sigue haciendo grande. En el fondo, no ha cambiado nada. 

De pequeña fui una niña "invisible" porque no molestaba. Nadie vio nada porque era una niña muy buena, sacaba buenas notas, no llamaba la atención, no era nada conflictiva. Tampoco participaba en clase, ni era comunicativa. Solía permanecer todo el tiempo callada. Solo hablaba si alguien me preguntaba algo directamente y yo respondía de forma lacónica -si respondía-. Pero... era buena y ¡¡¡sacaba buenas notas!!!. Así que NADIE VIO NADA. 

Qué.. ¿Cómo fue mi infancia -y mi adolescencia y mi adustez-?. Pues, un horror. He ido pasando por el mundo como un fantasma: "estaba, pero no me veían".

Os puedo asegurar que no es nada gratificante ser un "fantasma". Estar al lado de otros y no ser nadie... Es un horror. No negaré que por mi mente han pasado ideas negras de abandono... Entonces, el tiempo se pasaba lento, muy lento y todos los días sentía la nada, la angustia. Ha sido horrible. Sigue siéndolo, pero ahora escojo, más a menudo, los momentos sociales en los que participar. Todavía sigo siendo un fantasma en algunos encuentros sociales y sigo sintiendo el mismo abismo, el mismo vértigo, la misma rabia contenida, la misma profunda tristeza... 

Cuando te faltan los mecanismos de "humanización" propios de la especie... o te aíslas de ellos (de los humanos) para no sentirte inútil o buscas otros seres alejados, también, de la especie para no sentirte tan solo.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mi gran problema: la "Anticipación Social"



No tengo problemas de anticipación ambiental o física, como a los cambios de ruta, de lugar, etc. Mi gran problema es la "anticipación social"; es decir, saber como "moverme" en la fluidez de los eventos sociales, sobre todo, si son grupales.  

Ayer, mi marido me dijo de ir a comer con sus padres y aunque no me hacia mucha gracia, con resignación, le dije que si. Pero, hoy, justo antes de salir me entero que además van a asistir más personas: varios de sus hermanos con sus hijas y novios... La cosa, pues, cambiaba mucho a la idea que tenía en la mente. Sabía que improvisar "ser social" durante unas cuantas horas con sus padres me iba a ser difícil y agotador, pero factible.  No obstante, pensar en cómo estar con un grupo de gente... eso ya me ha superado. Me ha invadido un sentimiento de ira y angustia tremendo. De camino a casa de sus padres hemos parado a comprar unos refrescos. Mientras él ha salido a comprar, yo me he quedado en el coche esperándole e intentado apaciguar la angustia que me roía por dentro, pero no he podido. Me he quedado como paralizada. No he estallado como otras veces, simplemente, me he quedado como inerte. Cuando él ha vuelto, al verme en ese estado, me ha sugerido que no fuera, a lo que he accedido sin más. Hemos dado media vuelta y me ha dejado en casa.

No he podido hacerme a la idea de tener que lidiar con tanta gente, en un lugar bullicioso, con relaciones superficiales que me colapsan. Yo solo pensaba en qué poder hacer para aguantar entre 7-8 horas en aquella situación. Ya ni siquiera disponía de fuerzas para guinizar qué decir e intentar "aparentar" ser social. Solo pensaba en cómo poder aguantar tantas horas sin romperme por dentro. La opción de quedarme en casa ha sido mi salvación.

Al final he vuelto a casa con un sentimiento inicial de culpa por no haber podido  cumplir con el deber social de tener que reunirme con su familia. Se que es una obligación social, que aunque no sea del agrado de uno, se tiene que hacer... es un convencionalismo social que tienes que cumplir cuando decides compartir la vida con otro ser. Se que los demás pueden atribuir mala intención, atribuir que no quiero ir a verles. Pero, después de unos 27 años cumpliendo con las normas sociales, mejor dicho, aguantándolas, sufriéndolas, mi mente ha dicho BASTA y creo que BASTA PARA SIEMPRE.

No es un problema de anticipación ambiental... se DONDE tengo que ir, conozco el lugar, el trayecto. Es un problema de anticipación social, sobre todo, de situaciones grupales convencionales, triviales. En los encuentros sociales me puedo bloquear pues no se cómo seguir el hilo social con gente que, aunque conocida, me resulta imprevisible y caótica. No hay patrones identificables a los  que me pueda aferrar. 


domingo, 17 de diciembre de 2017

Mi rigidez mental es invisible... O no.



Hacía tiempo que no sentía esa rigidez, esa sensación de quedarse "enganchada" al malestar que genera mi mente cuando algo se le rompe, o algo le incomoda, o cuando se tiene que enfrentar a imprevistos. Hacía tiempo que mi rigidez mental no me acompañaba. Parecía que se había disipado... ¡¡¡ingenua de mí!!! Había llegado a pensar que ya no lo era, que ya no era inflexible, que mi mente había conseguido llegar a trivializar situaciones tontas que antaño podían desencadenar en enfados y frustración tremendos. 

Pues no... solo estaba aplacada, adormecida. 

Todavía, tres horas después, sigo teniendo palpitaciones y el estómago cerrado... ¿Por qué? Por algo que todavía no puedo controlar: La ruptura de "esquemas mentales". Se me ha roto mi rutina de hoy y... he estallado. 

La historia de hoy es un ejemplo de muchas historias ya vividas y que creía  superadas.

Hoy no esperaba a mi marido para comer, pues ayer me comentó que tenía partido. Juega al Beisbol y algunos fines de semana tiene que ir con el equipo. Yo nunca le acompaño porque me aburre soberanamente el deporte.

Yo no tenía previsto, pues, que viniese a comer; así que había planificado comida, solo, para mi hija y para mí. 

Hasta ahi, todo bien.

La tormenta ha venido cuando, llama a eso de las dos para decir que llegaría a casa alrededor de las dos y media. Yo no le esperaba, no le esperaba para comer... ¡¡Yo no le esperaba para comer¡¡¡¡

Y... ¿cómo ha terminado la historia?... con un enfado monumental por no avisarme con tiempo. Le he dicho cosas terribles, como que yo no era su "chacha"... que, "que esperaba ¡¡que yo estuviera disponible para hacer la comida para cuando él llegase!!!" y ... 

Su respuesta: que él me había llamado para avisarme que llegaba antes, no para que hiciera comida, que con unas pizzas... se arreglaba, que no me había llamado para que yo cocinara...

El caso es que, aunque su respuesta era la lógica... Yo me he ofuscado, bueno.. ya me empecé a ofuscar cuando supe que venía y si tengo que ser sincera, no ha sido por cocinar, si no porque... ¡¡¡no le esperaba!!! y ya tenía el plan de comida para mi hija y para mí...

Pues, han pasado tres horas y sigo con palpitaciones porque... se me ha roto mi rutina mental...

En frío se que es una estupidez... ¡¡lo se!!!, pero ¿cómo se lo explico a mi cerebro para que calibre?

Es como seguir un camino y encontrarte, de repente, un hoyo en medio. Mi mente, entonces, se ofusca y no puede reaccionar. Se queda enganchada en el fastidio de haber encontrado ese hoyo.. un hoyo que rompe la armonía del camino.

Y, ahora a relajarme, esperando que mi rigidez mental se apacigüe y tarde en volver a ponerme en situaciones tensas y ridículas. 


domingo, 12 de noviembre de 2017

"Mente en blanco"


Estas, a grosso modo, han sido las etapas de mi desarrollo socio-comunicativo para integrarme en la tribu: 

1º. Etapa Fantasma.
A esta etapa la etiquetaría como la "época horribilus" que ha transcurrido desde el inicio escolar a los 6 años hasta, hasta... realmente hasta no hace mucho. Yo diría que hasta los 40-45 años. Un periodo laaaarrgo, muy laaaargo. 
Qué me pasa y me pasaba en los encuentros sociales... pues algo tan angustiante como una sensación de tener la "mente en blanco" que no se cómo explicar para que sea comprendido en toda su extensión. En las situaciones sociales, no se me ocurre qué decir, ni qué hacer, pero en esa época era muy angustiante porque todavía no había creado estrategias compensatorias. No.. no era/no es que "no me atreva o atreviese" a hablar o a hacer algo en grupo, no era/no es una cuestión de timidez. Es y era, simple y dramáticamente, que NO SABÍA, "no se me ocurría" qué hacer ni qué decir. Mi mente no generaba -ni genera- esquemas socio-comunicativos espontáneos. Para que se entienda, sería algo así como tener el disco duro mental vacío. Si no tienes esquemas socio-comunicativos no puedes participar. Estas en "off".
Yo era la típica niña que estaba en la periferia del grupo. Yo estaba al lado de ellas, pero aún así no aprendí a llevar conversaciones, ni a "actuar" en sociedad. No las imitaba, ni me "contagie" de ellas para aprender a interactuar. No pensé (no se me "ocurrió") que podría "imitarlas" u "observarlas para aprender"... Yo, simplemente, estaba allí: sola, pululando como un fantasma alrededor de ellas. No desarrollé estrategias compensatorias... no sabía que eso podía existir ("las estrategias compensatorias"). ¡¡¡¡ojalá hubiese tenido algunas estrategias para "ir tirando" en el mundo social!!!!
Tener la "mente en blanco" estando en grupo es angustiante porque tu cuerpo también se queda en blanco, se paraliza y se van olvidando de tí... desapareces de la mente de los demás... Dejas de existir. 

2ª. Etapa Iniciación.
Tarde en el desarrollo empecé a usar algunas estrategias compensatorias simples, que me sacaban de un apuro, pero que... solo me servían para mantener unos escasos círculos comunicativos con los demás. Hacia los 35-40 años empecé a usar la estrategia del "Interrogatorio" al modo periodístico (qué, cómo, dónde, cuándo..). Era capaz de empezar interacciones ya que los inicios sociales son anticipables y tienen un patrón claro: cuando ves a una persona la tienes que saludar  ("hola, qué tal", etc.). El siguiente paso en la cadena interactiva también puede tener un patrón identificable que es "la puesta al día" ("cómo te va", "¿sigues trabajando en.....?"), pero después es cuando el patrón social es indescifrable para mí (*mirar la entrada "Barullo social"). Es cuando ya mi mente se queda sin recursos y vuelve a... quedarse en blanco. ¿Cómo hacen las personas para seguir conversaciones cuando lo importante ya está dicho?, ¿cómo tienen tantas cosas que decirse?, ¿cómo lo hacen, de dónde sacan las ideas?... 
... Al final... siempre volvía a ser un fantasma de nuevo.
En esta época, yo iba a los encuentros sociales esperanzada e ilusionada porque era capaz de iniciar y pensaba que practicando y practicando llegaría a integrarme "verdaderamente" en los grupos, pero no era así. Siempre llegaba a casa frustrada, enfadada, cansada sin saber muy bien porqué... Me culpaba a mí misma por ser aburrida, boba, insulsa, estúpida... una inepta social. 

3ª. Etapa Avanzada. 
En esta fase, a penas hace unos pocos años para acá, he ido desarrollando una serie de estrategias compensatorias usando la "Programación Mental" que me ayudan a parecer conectada en las conversaciones por más tiempo. Por tanto, puedo alargar mi participación en la "cháchara" social. Algunas de estas estrategias son: 

  • Los "Algoritmos mentales" para llevar conversaciones simples que consisten en identificar la palabra clave de la conversación del otro y hacer preguntas o comentarios relacionados. Yo pregunto y mientras el otro contesta voy preparando mentalmente la siguiente pregunta o comentario relacionado.
  • La estrategia de "Seguir el Hilo" que consiste en asentir lo que el otro dice simulando interés con el uso de emisiones enfáticas: "¡¡¡genial!!!, ¡¡¡que bien!!, ¡¡¡uhhhh!!!, ¡¡¡aha aha!!!, ¡¡¡no me digas!!!, ¡¡¡madre mía!!!. Esta estrategia me es útil con personas "habladoras", aquellas que como bien dice la palabra no paran de hablar de si mismas, de sus experiencias y que acaparan la conversación.
  • La Reformulación que consiste en decir lo mismo que el otro dice pero usando comentarios diferentes. Así, parece que estoy interesada y conectada en la conversación.
  • Los "Temas Programados". Si soy conocedora de alguna experiencia que le ha ocurrido al otro (un cambio de trabajo, un nieto nuevo en la familia, etc.), lo uso como estrategia para iniciar y mantener conversaciones con el otro a modo de "relleno". Partiendo de lo que les interesa a los otros puedo "llenar" por más tiempo los espacios sociales y evitar ser un fantasma. 
Analizando el tipo de intercambios comunicativos que establezco con los demás, me doy cuenta de que me enfoco al otro de forma pensada, pero no sentida y que.. no suelo compartir espontáneamente nada sobre mí. Por tanto, no hay un genuino intercambio socio-comunicativo o emocional. En realidad, mis intercambios sociales tienen un enfoque más "diplomático" que intersubjetivo y emocional.

(*) Diplomático: "que tiene un trato muy correcto y educado y dice las cosas de forma que no molesten."


4º. Etapa de Evitación y Selección.
Es lo que hago desde hace más o menos un año. Ahora no voy a encuentros sociales no deseados, ni siquiera aquellos que son de compromiso. No voy a las reuniones familiares de navidad, no voy a las bodas, no voy a los encuentros con familia. Puedo ir a visitar a familiares por poco tiempo y no en encuentros con mucha gente. Habrá gente que verá en ello un "retroceso". Yo lo vivo como una liberación. 
Por otro lado, ahora solo tengo encuentros esporádicos con personas que me parecen interesantes o con las que me apetece ver por alguna cuestión particular, generalmente, por trabajo. También puedo ir a visitar a personas a las que aprecio para saber cómo están. Una vez que ya me he puesto al día, no necesito alargar el encuentro social. 
En estos encuentros también tengo que usar esas estrategias compensatorias, pero como soy yo la que escojo con quién, esos encuentros suelen ser gratificantes mientras duran. Sigo siendo una "cenicienta social" (antigua entrada del blog que recomiendo que reviséis), pero ya puedo disfrutar de algunos encuentros sociales... aquellos que yo escojo.


Ahora...
Uso las estrategias compensatorias, la evitación y la selección según se me acomoda. Me siento como  una gran actriz que va mejorando sus habilidades escénicas. Aunque... hay días en los que me siento más suelta y otros en los que me sigue invadiendo el estado "fantasma". Cuando me invade el estado "fantasma" sigue siendo paralizante, pero procuro que sean las menos veces posibles.

En cualquier caso, mi iniciativa social al estilo "común" ha sido y sigue siendo nula. Ahora puedo establecer contactos esporádicos con personas y puedo disfrutar de esos encuentros, pero... no dejan de ser relaciones superficiales y orientadas a objetivos, aunque para mí es suficiente.