lunes, 19 de junio de 2017

¡¡¡Claro que siento emociones!!!!



Uno de los profesionales a los que consulté me preguntó sobre las cosas que me ponían contenta, triste, enfadada. Me quedé un poco perpleja por dicha pregunta, pues no entendía el sentido. Claro que siento emociones: de las buenas y de las malas... A veces, de unas y otras veces de las otras. Me imagino que como todo el mundo por eso me sorprendió la pregunta. 

En aquel momento, recuerdo que me quedé un poco bloqueada y no supe muy bien que responder. Ahora, con tiempo, puedo pensar sobre ello más detenidamente. Voy a intentar buscar en mi memoria situaciones que me hayan llevado a sentir las diferentes emociones e intentar responder a la pregunta.

Sobre la Alegría.
No suelo ser una persona alegre, no me divierten las bromas, los chistes, las "gracietas". Nunca me gustaron y, además, pueden incomodarme pues me resultan niñerías absurdas y ridículas. Por otro lado, no soy una persona divertida y no se hacer bromas sociales. 

No soy infeliz, pero la alegría no es un estado que impregne mi vida. Si tengo que pensar en una situación de alegría, o en el "día más feliz de mi vida", no me viene a la memoria ni el día de mi boda, ni el día de nacimiento de mi hija. De echo, son días muy negativos en mi vida. El día más feliz de mi vida fue cuando una de mis profesoras de la universidad me propuso hacer el doctorado e incluirme en su equipo de investigación... No me lo podía creer. Cuando me lo propuso recuerdo una euforia emocional que me invadió por días, muchos días. No recuerdo otro día en mi vida con tanta intensidad emocional positiva. Fue tan grande esa emoción que,  después de 20 años, sigo sintiendo esa intensidad. 

Sobre cosas cotidianas que me pongan contenta... pues no se qué decir. Creo que el estado habitual en mí es de "neutralidad", de seriedad. No se como expresarlo.

Sobre la Tristeza. 
También me cuesta pensar en "cosas o situaciones que me ponen triste", pero si puedo decir que durante mucho tiempo, demasiado, he sentido una "distimia crónica". La tristeza ha invadido mi vida a causa de la soledad. Una soledad que hiela incluso estando con gente. He llorado demasiado a solas por no poder encajar, compartir. Ahora ya no lloro ni me siento triste. Ocasionalmente siento momentos de tristeza que son como olas que invaden mi ser y me transportan a un estado de melancolía, de inercia, de vacío, pero son eso.. olas que vienen y se van.

Sobre las cosas que me pueden hacer sentir tristeza me cuesta pensar en situaciones concretas, pero hoy, 19 de junio, me siento triste y decido escribir sobre ello para retener esa información y sensación en mi mente:

"Hoy me siento extraña. Me siento muy sola. Nooo, no es que no tenga a nadie cerca que no me quiera. En ese sentido, me siento una privilegiada, pues se que mi marido me adora y me lo ha demostrado con creces. Es algo diferente. Me siento muy sola mentalmente. El percatarme de no tener a nadie con quien compartir mis apasionamientos mentales, mis elucubraciones mentales me ha producido mucha tristeza. Siento que mi apasionamiento mental es vacío... se queda en mí... y no es compartido. No tengo a nadie con mi misma pasión con la que compartir mis ideas. Es una sensación extraña. Es una sensación de absoluta soledad y me hace sentir triste."

Voy entendiendo a la gente. A la gente le gusta compartir sus estados mentales con otros, pero me imagino que como la "gente común" tienen muchos intereses comunes compartidos lo tienen más fácil. Pero que pasa cuando tu interés es tan restringido y tan apasionado que no puedes compartirlo con nadie... Lo dejo a vuestra imaginación, a vuestras "emociones".

Sobre el Enfado.
El enfado ha sido una emoción que ha definido por mucho tiempo mi forma de ser. Siempre he estado enfadada, aunque por fuera no lo transmitiera de forma clara, aunque creo que mis ojos y mi expresividad plana nunca han engañado. 

En las reuniones de amigos siempre he estado enfadada. Recuerdo muchísimas situaciones en las que siendo joven acompañaba a mi pareja (ahora mi marido) a sus reuniones sociales (pues, yo no tenía amigos) y siempre estaba huraña. Siempre salía de las reuniones con gran tensión que me duraba mucho tiempo. Yo, entonces, no sabía porqué.. o si: no conseguía encajar y echaba la culpa a mi pareja por dejarme sola, por no estar conmigo. Yo me sentía abandonada porque no entendía que en las reuniones con gente tienes que estar enfocado a los demás... Eso no lo entendía y me sentía sola, abandonada. Yo no hacía nada para enfocarme al grupo.

También me enfado cuando las cosas no salen como yo espero. Si tenía pensado un plan y no se cumple tal cual lo había pensado me enfado. Lo peor de todo -eso, lo voy entendiendo, ahora- es que siempre he esperado que los demás "leyeran" mi mente y acomodaran las circunstancias a mis intereses y necesidades. Por ejemplo, si hemos decidido una salida, un paseo, yo espero que esa experiencia transcurra tal cual la he imaginado. Cuando no es así, me frustro y me enfado. No se si esto se entenderá. Es cierto que ahora controlo la frustración y ya no me enfado, pero siento una sensación de angustia, de rabia contenida que sigue siendo duradera, pero controlada externamente.

Un día que recuerdo de mucho enfado fue el día de mi boda. No.. no fue "el día más feliz de mi vida". Estaba muy enfadada porque yo no quería ver a nadie, no quería evidenciarme, no quería seguir rituales que no sentía. Ver a gente y simular alegría fue muy costoso. Viendo algunas fotos de mi boda, solo veo en mí una sonrisa forzada en ellas. El enfado me duró días, muchos días. Lo curioso es que la gente recuerda ese día como entrañable... Yo lo recuerdo como un día odioso, un día a olvidar.


Sobre el Miedo.
Cuando supe que me había quedado embarazada -que era muy joven- me invadió el terror. No el miedo... el terror. Yo no sabía que hacer con un bebe. Lloré mucho, mucho. Quise morir. Deseé morir e hice intentos por morir... Dejé de comer, no podía comer... Además, ver como mi cuerpo cambiaba también me aterrorizaba... "esa persona no era yo". No podía mirarme al espejo... La incertidumbre del parto fue otro momento de terror. Pensar en cómo sería, en el posible dolor que sentiría... ¡¡¡¡Fue horrible¡¡¡¡ Recuerdo que cuando di a luz, me quedé como paralizada y me pasé los tres días que estuve en el hospital en la cama, sin salir de ella... ¡¡¡¡NO SABÍA QUE TENÍA QUE HACER!!! Estaba en una habitación de hospital compartida con otra mujer que se levantaba, paseaba por la sala, cogía a su bebe.. y yo, mientras PARALIZADA.... No sabía que hacer. Solo recuerdo el miedo a la incertidumbre y las ganas de llorar. Las lágrimas no salían, pero se agolpaban en mi cabeza y me retumbaban.

Otra cosa que me produce miedo, ¡¡digo, terror!!!! es pensar en la posibilidad de quedarme sola... Yo no sabría moverme sola por el mundo sin la persona que me ayuda a caminar por él. Se que si en algún momento me quedo sola, me moriré de terror... A veces pienso en ello y solo me vienen ideas de muerte. No es baladí, no soy tan funcional y tan "independiente". 


Las emociones que han prevalecido en mi vida han sido el miedo, la tristeza y el enfado. El miedo por la incertidumbre, la tristeza por la invisibilidad crónica y el enfado por no saber enfrentarme a la incertidumbre. Ha habido poca alegría. 

Ahora prevalece una especie de calma neutra... no se como explicarlo. Siento tener una estabilidad emocional que se rompe ante preocupaciones que magnifico. No siento tener "altibajos emocionales", sino que mi homeostasis emocional se rompe ante imprevistos, ante problemas y preocupaciones que no puedo resolver de forma inmediata. 

Creo... pues, que siento las mismas emociones que todas las demás personas:

La alegría por el apasionamiento mental. Mis soliloquios conmigo misma.
La tristeza por no poder compartir mis estados mentales. Por la soledad.
El enfado por no disfrutar de las situaciones sociales, 
El miedo por la imprevisibilidad


sábado, 10 de junio de 2017

Mi salvación: La Universidad.



No fue fácil llegar a la universidad, no porque no tuviera capacidades (bueno, eso pienso yo), sino por los obstáculos que me fui encontrando, algunos relacionados con cuestiones académicas (si.. tuve algunos problemas) y otros por el angustiante paso por los ciclos escolares siendo un fantasma, un ser inerte rodeado de gente.

No he sido una niña muy aplicada, la verdad. Siempre dejaba los deberes para el final del día por mi tendencia a la procrastinación. Recuerdo que al llegar del colegio lo único que me apetecía era "engancharme" a la televisión. Era una actividad pasiva que me evadía, me relajaba, me hipnotizaba. Solía estudiar por la noche, acurrucada en la cama debajo de las mantas y con mi linterna que enfocaba al libro. Ahora pienso que, tal vez, eso me ayudaba a focalizar la atención al máximo pues se disipaban todos los estímulos del entorno. Era una especie de burbujita calentita. Naturalmente, mi padre se enfadaba, pero en cuanto él desaparecía de la habitación volvía a esconderme bajo las mantas a seguir estudiando. Creo que fue de las pocas normas que transgredí. 

Recuerdo que no me costaba asimilar los contenidos en clase y tenía una sensación de poder enfrentarme a cursos más avanzados. No, no creo que fuese inteligente, sino que me era fácil asimilar los contenidos teóricos. Otra cosa era hacer redacciones, crear historias. Ahí, lo pasaba francamente mal. Recuerdo que en algún curso nos hacían hacer redacciones sobre temáticas diversas. Yo me quedaba en blanco. No sabía que poner. En clase estaba muerta de miedo temiendo que la profesora me hiciera exponer mi trabajo en público. Haciendo memoria, creo que nunca ocurrió. Nunca me hicieron hablar en público. Eso me sorprende ahora. Yo, por otro lado, escuchaba muy activamente a mis compañeras para intentar aprender. Las escuchaba y hacía "recortes y pegas" cogiendo las ideas de unas y otras para elaborar mis redacciones. Creo que intenté copiar el estilo de una de ellas. Como me costaba hacer redacciones, durante un tiempo me obsesioné en hacer pequeños cuentos. 

Mis problemas con la expresión y la ortografía perduraron por tiempo hasta que un profesor en el instituto me dijo que si no mejoraba en ellos, me iba a suspender a pesar de conocer los contenidos teóricos de la asignatura. Eso, en lugar de hundirme, me obligó a esforzarme. Así que empecé a leer. Recuerdo que el primer libro que leí fue Nana de Emile Zola. No se cómo llegó a mis manos, pero recuerdo perfectamente que fue ese libro. A partir de ahí ya vino Henry Miller, Camus, Neruda... De no leer nada, empecé a leer de forma apasionada. Tan apasionada que me encerraba en mi habitación y leía teniendo a mano fichas en las que escribía frases de los textos que me llamaban la atención. Esas fichas las guardaba en una cajita. Era mi cajita especial. No solo leía, sino que reflexionaba, teorizaba, filosofaba conmigo misma... Era un momento mágico.

Conseguí aprobar la asignatura. 

Además de los problema para expresarme a nivel escrito (y no os digo nada, a nivel oral), también me costaba entender algunas preguntas de los exámenes (mi cerebro hacía cosas extrañas, creo que no interpretaba bien el sentido de algunas preguntas). Una profesora me dijo que me tenía que suspender, a pesar de demostrar los conocimientos teóricos, porque tenía dificultades para concentrarme en los exámenes. Sin embargo, yo no recuerdo ser una niña distraída o ensimismada. Más bien todo lo contrario, me centraba en las explicaciones de clase y no me "desenganchaba". Si que es cierto que me costó seguir el hilo de alguna asignatura (las matemáticas de lo que antes era 3º de BUP). En esas situaciones, mas que distraerme, me quedaba bloqueada. Estaba tan tensa por no poder seguir el hilo de la asignatura, que me quedaba paralizada, no me movía, pero tampoco podía escuchar. No es que no quisiera, sino que no podía. No era desatención, era bloqueo emocional por la gran tensión. Por tanto, no considero que fuese una niña o chica inatenta... tenía que ser otra cosa. Por otro lado, mi cerebro era "cuasi disléxico" (no se cómo definirlo). Así, por ejemplo, si en el ejercicio había un signo + yo lo procesaba de otra forma y hacía otra operación (mi cerebro no traducía bien lo que veía... ¡¡¡es extraño!!!). 

También recuerdo que era lenta copiando de la pizarra y como no me atrevía a pedir ayuda o a preguntar a mis compañeras (creo  que ni siquiera pensé que podría hacer eso) no me enteraba de muchas cosas.  

A pesar de todo ello fui superando los cursos. 

El mayor problema fue la invisibilidad social y el acoso que sufrí en el instituto. Durante la mayor parte del tiempo transcurrido en el instituto no tuve amigos y pasaba los tiempos de recreo sola en la biblioteca. Realmente no aprovechaba el tiempo para estudiar, sino que era una excusa para esconderme, para ocupar el tiempo hasta que se retomaran las clases. Mientras, mis compañeros se relajaban y se lo pasaban bien. Eso me producía mucha tristeza y frustración. El acoso, fue -diría yo- de tipo sexual. Un grupo de chicos, a la salida del instituto me seguían y canturreaban cosas obscenas por la calle. Eso ocurría todos los días. Nadie vino a ayudarme. Yo, aguantaba estoicamente, pero al llegar a casa no podía hacer otra cosa que llorar a solas. Naturalmente, mi mente no estaba receptiva para estudiar. Nunca dije nada. No sabía que eso estaba mal. Pensaba que yo era la que estaba defectuosa. Para evitar encontrarme con esos chicos a la salida, decidí irme a casa en el momento de patio, por lo que dejé de asistir a las clases de depués del recreo. Entonces no se controlaba la asistencia; por tanto, perdí muchas clases.

Naturalmente, mis notas bajaron y repetí curso pero, a pesar de todo, seguí adelante. Me vinieron pensamientos de abandono, de querer dejarlo, pero verme fuera de la rueda escolar-académica me daba mas miedo. El abandono suponía enfrentarme al abismo, al vacío, a la nada. El transcurso académico era mi barandilla. Era como subir por una escalera agarrada a una barandilla. Había una estructura ("escalones"): después de primero iba segundo, después tercero, después... Dejar de estudiar suponía soltar la barandilla y caerme por el hueco de la escalara.. la nada, lo imprevisible. Estudiar era lo único que daba un poco de sentido a mi vida, lo que llenaba mis tiempos. 

Con esfuerzo accedí a la universidad. No accedí a la carrera que realmente me apetecía de verdad, pero no me supuso un drama pues fui encontrando materias que me fueron gustando y, algunas, apasionando. La universidad fue mi salvación. Decidí estudiar en el grupo de tarde, con "los mayores" (estudiantes que trabajaban a su vez). Pensé que me adaptaría mejor con personas más mayores que con los de mi edad. Y, así fue. 

El periodo de la universidad me ayudó a confiar en mí. Estudiar se convirtió en el verdadero sentido de mi vida. Empecé a disfrutar aprendiendo y me volví muy exigente conmigo misma. Mis compañeros me valorizaban y mi autoestima se curó. Algunos profesores me transmitieron su satisfacción con mi trabajo y uno de ellos, incluso, me propuso incluirme en su equipo de investigación y hacer el doctorado (que al final no terminé). No conseguí amigos, aunque si me relacionaba con algunos compañeros de forma superficial. Las relaciones sociales no trascendieron en amistades profundas, pero yo me sentía bien... Estudiar y disfrutar estudiando compensó todo el tiempo vivido a lo largo de todo el proceso de escolarización. Recuerdo, como anécdota, que varios de mis profesores alabaron mi expresión y redacción...¡¡¡¡!!! Valió la pena todo el esfuerzo y el aguante del vacío social... 

... Valió la pena. 



jueves, 8 de junio de 2017

Escudriñando mis dificultades de "Conexión Social"



En mi caso, me atrevo a decir que mis dificultades de "conexión social" son "ejecutivos", no tanto sensoriales. Un ambiente abrumador me puede agotar, pero incluso en un ambiente controlado sensorialmente, con poca gente a la que, además, adoro me voy colapsando, me voy apagando poco a poco. Resulta difícil de explicar, es como si me invadiera el sueño. 

Para mantenerme y seguir el hilo de las conversaciones triviales he generado un "algoritmo mental para llevar conversaciones". Así, por ejemplo, si mi suegra me dice que se le ha roto la lavadora, yo pienso: "lavadoras, lavadoras... piensa en una pregunta o comentario sobre lavadoras". Mientras ella habla, preparo mentalmente la siguiente pregunta o comentario sobre lavadoras y así, puedo salir de paso. Me cuesta más llevar conversaciones en situaciones grupales y cuando hablan de temas que desconozco. Se que la gente suele hablar por hablar y dicen trivialidades, pero es que a mí no se me ocurren las trivialidades. Mi cerebro no genera trivialidades... ¡¡¡no se como se hace eso!!!

En mi caso, en estos momentos, mis problemas de conexión social son por un déficit en la "iniciación ejecutiva" pues mi cerebro no genera esquemas socio-comunicativos ajustados al contexto de forma ágil. Tengo que pensar qué decir, incluso con conocidos. Ese procesamiento lento repercute en mi cansancio social y en la motivación. Como no disfruto, no me queda en la memoria una sensación placentera que me motive a volver a repetir el encuentro social. 


Luego está el tema del aburrimiento ya que por mis intereses restringidos, las conversaciones triviales me suelen aburrir. Ahora lo entiendo así, pues hasta no hace mucho pensaba que la boba, aburrida y sosa era yo y me martirizaba por ello. Hago intentos por simular interés, pero me voy agotando. Es entonces cuando miro y sonrío haciendo ver que lo que se me dice me interesa, pero no es así.


De pequeña tenía un problema de comprensión social más grave que ahora. Tengo la impresión como si me hubiesen abducido unos marcianos. Como una aducida que intenta comprender los patrones y normas sociales me he ido manejando. Me ha costado menos  seguir las normas evidentes que se repetían de forma cotidiana: como estar sentada en clase, hacer las tareas, etc., pero me ha costado mucho seguir las reglas sociales que resultaban difusas para mí; por ejemplo, nunca se me ocurrió acercarme a un grupo de niños y pedir jugar con ellos. Tampoco se me ocurrió llevar un juguete para invitarles jugar... Simplemente, no se me ocurrían esas cosas. No comprendía como funcionaba la gente, sobre todo, los niños (ella y ellos). 


Mis problemas de comprensión social repercutían, obviamente, en mi ejecución social: No sabía qué tenía que hacer, por lo que no hacía lo que se suponía que tenía que hacer. 


Recuerdo una experiencia muy ejemplificativa al respecto. Cuando tenía unos 13 años, una tía mía decidió invitarme a unas vacaciones a su casa durante un mes. Nunca había salido de casa sola tanto tiempo y no conocía a mi tía (una historia un poco larga). Me imagino que mi tía estaba ilusionada por compartir un tiempo con su sobrina -o sea yo, la hija de su hermana fallecida-. Cuando llegué a la casa de mis tíos me paralice, tal cual. No sabía lo que tenía que hacer: NADA de NADA. A qué hora tendría que levantarme, cuando y qué desayunar, qué hacer durante todo el día. Por entonces, no tenía recursos personales para simular simpatía, así que pasaba todo el día callada, sin decir nada, sentada en una silla en el balcón, a expensas de lo que ellos decidieran. Así que pasé el mes como un mueble más en aquella casa. Mi actitud fue considerada de niña boba y torpe. Claramente les decepcioné. Recuerdo, incluso, como mis tíos se enfadaron delante de mí reprochándose el haberme invitado. Transcurrido el tiempo en casa de mis tíos, regresé a casa y nunca más los volví a ver ni a saber de ellos. 


Mis dificultades de comprensión social han perdurado en el tiempo. Recuerdo cuando con 20 años casi dejo a quien es ahora mi marido porque me invitó a salir un fin de semana. Me lo propuso con pocos días de antelación con lo cual yo no pude hacerme a la idea. La cuestión es que desde mi punto de vista él era un egoísta, que solo pensaba en sí mismo (su deseo de querer salir el fin de semana). Yo lo viví e interpreté como una imposición. No entendía como él no era capaz de ponerse en mi lugar e interpretar mis necesidades (no querer ir). Matizar que, además, yo no era capaz de expresar mis estados internos. Yo, por entonces, esperaba que los demás "leyeran mi mente" e interpretaran mis intenciones, necesidades sin yo decir nada. Mientras, yo era incapaz de interpretar las intenciones de  los demás. Entonces, no entendí que me invitó y planificó el fin de semana porque yo era alguien importante para él. Ahora entiendo que si yo no hubiese sido alguien importante para él, no hubiese planificado una salida de fin de semana. Deciros que lo pasé fatal. El imprevisto me enfadó de forma exagerada porque eso me obligaba a "ser social y simpática" durante demasiado tiempo seguido. Eso lo entiendo ahora. Antes solo sentía enfado hacía él.


Mis dificultades de comprensión social, perduran, aunque intento analizar el contexto lo más que puedo para no cometer errores y para no malinterpretar intenciones. Como ya he comentado en otra entrada del blog, hace solo un par de años que aprendí a diferenciar las bromas de las burlas de forma cognitiva,  preguntando.

Yo creo que mis dificultades de conexión social se han debido y se deben a un problema de comprensión y ejecución social. En estos momentos, mis capacidades de comprensión social han mejorado, pero no las de ejecución social. Tengo una "ejecución lenta y pensada".

Ahora comprendo mejor la teoría, pero no me manejo bien en la práctica.

Como no me gusta cometer "errores sociales", pues me hacen sentir muy, muy  mal, tiendo a ser muy precabida y suelo pensar antes de hablar o actuar.. El problema está cuando no lo hago... entonces es cuando cometo mis "Aspercagadas".


Si me conocierais veríais en mi una persona "muy correcta", educada, amable, pero no veríais el esfuerzo mental "invisible" por serlo....


sábado, 6 de mayo de 2017

Mecanismos de "Acomodación Social"


No soy una “imitadora social”, no llego a ser una “shapeshister”. Creo que nunca se me hubiese ocurrido imitar a otros. Tal vez, eso me hubiese facilitado la integración en grupos sociales. 

He sido una especie de cosa arrinconada, enfadada con la gente, con el mundo. No sabía que hacer en el mundo social. Poco a poco, no se muy bien cómo, he ido desarrollando algunas estrategias que yo llamo de "Acomodación Social"; es decir, estrategias que me han permitido pasar por "común" por un tiempo determinado y manejarme en el "mundo social". 

Las estrategias que suelo utilizar son estas: 

"Soy una escuchadora". Ya he comentado sobre ello en otras entradas del blog, por lo que no quiero resultar reiterativa. Cuando escucho, pongo cara de "escuchadora" y simulo interés. No siempre tengo que simular, pero si en la mayoría de las ocasiones. Mis músculos de la cara se tensan para forzar el "contagio emocional". Ser una escuchadora me ha permitido pertenecer en el grupo "estando sin estar". 

"Soy una preguntadora". En los encuentros sociales, me percato que tiendo a hacer preguntas, mas que a hacer comentarios espontáneos sobre lo que se está hablado. Estoy empezando a alternar preguntas con comentarios simples relacionados con el tema de conversación, pero todo ello es previamente pensado. En mi cabeza tengo un "algoritmo para mantener conversaciones" que estoy intentando perfeccionar. En otra entrada hablaré sobre él. 

Y, una de las estrategias o "no-estrategia" que mas uso es la de evitadora. 

"Soy una evitadora". Ante el cansancio que me supone socializar, en muchas ocasiones, cada vez más, evito salir con gente. Pongo excusas, demasiadas excusas que los demás, tal vez, interpreten como una conducta de mala educación, o de rechazo de los demás. No es eso, es que mi mente ha llegado a su límite de aguante. Mi "pila social" se agota enseguida y necesita ser recargada con mucha frecuencia. 

Desde que uso estas estrategias y, algunas más (todas ellas pensadas), me puedo mover por el mundo social con cierto éxito durante un tiempo. Decir que me siento mejor desde que las utilizo que antes cuando no tenía ninguna estrategia. Entonces, era estar en el limbo, en el espacio navegando en la nada. Ahora manejo la situación y la puedo controlar mejor. Ahora, en muchas ocasiones, puedo pasar inadvertida, puedo pasar por uno de ellos y, curiosamente eso me genera menos ansiedad. Me produce cansancio, pero no ansiedad. 


lunes, 1 de mayo de 2017

La complacencia. Mi "rígida" complacencia.


Esa exagerada complacencia para evitar cometer errores, para no crear conflictos me ha llevado a no implicarme de lleno en las relaciones sociales, a no evidenciarme, a mantenerme al margen. A ser invisible.

Esa exagerada complacencia por no molestar a nadie me ha generado una tensión tremenda por procurar no hacer las cosas mal. Pero, la vida no es perfecta y siempre se generan conflictos. En esas situaciones, simplemente, huyo. Huyo porque no se cómo enfrentarme a los problemas y porque las situaciones conflictivas, sean generadas por mi o no, me producen un malestar emocional muy intenso. 

La gente es tan complicada que me cansa estar con ellos. Te tienes que amoldar a ellos y cada uno es tan diferente que es complicado conseguir que todos estén bien a tu lado. No se si es por empatía o por intentar mantener la "homeostasis emocional" del entorno, pero procuro no generar conflictos, por lo menos intencionadamente. Los entornos tensos, conflictivos, agresivos me ponen muy tensa y me incomodan de forma extrema. 

Sin embargo, descubres que hagas lo que hagas, digas lo que digas aunque sea sin mala intención siempre hay alguien que se ofende, que se molesta. Cuando, sin querer, digo o hago algo que molesta a alguien, aunque sea algo "ridículo" me siento fatal, me siento exageradamente culpable. Ese sentimiento es tan intenso y tan desagradable que siempre he procurado "evitar" cometer "errores sociales" para no sentir esas sensaciones desagradables. La consecuencia de ello ha sido mantener un rígido autocontrol de mi conducta que ha degenerado en una inhibición extrema. En situaciones sociales he procurado no molestar, no contestar, ser "políticamente correcta", no contradecir (a pesar de pensar diferente), no proponer (por si mi propuesta no fuera la que debiera ser), no hacer bromas o hacer comentarios distendidos (por si pudieran ser considerados "bobos"). He sido exageradamente correcta. Desde fuera, la gente habrá visto en mí una niña o una chica tímida, retraída, un tanto solitaria y buena (poco peligrosa). Nada más. 

Dentro de mi mente, sin embargo, en esas situaciones una fila de hormigas corretean por todos lados: desde el lóbulo frontal, al occipital pasando por el temporal, metiéndose por el sistema límbico y desde la ínsula volviendo al lóbulo frontal... una fila de hormigas por todo mi cerebro que bloquean mis manos, mis expresiones, mis gestos, mis palabras...

Ahora voy entendiendo muchas cosas, incluso, mis procesos mentales. Mis bloqueos se generaban por un lado, por no saber qué decir y qué hacer y por otro lado, por el temor a que lo que dijese o hiciese no fuese lo apropiado, lo que "debiera ser". Hacer algo inoportuno implicaba evidenciarme, dejarme como desnuda delante de los demás. Eso podría ser terrorífico. Pensar que los demás podían pensar de mí que era una inepta social me producía tremenda ansiedad anticipadora. El temor anticipatorio a hacerlo mal me hacía inhibirme y ejercer ese "rígido autocontrol consciente". 

La ansiedad anticipatoria es terrible, pero peor es la ansiedad post-situacional cuando, sin quererlo, cometes un error. Eso es horrible, es el suicidio mental. En mi caso, en esas situaciones mi mente me castiga con latigazos mentales muy dolorosos que dejan cicatriz. La gente me dice que exagero, que me ofusco y me culpabilizo por cosas sin importancia, pero yo no puedo sentirlo de otra forma. Esas cicatrices son estigmas de mi mala conducta y eso "afea" mi "yo perfecto". Mi mente no es capaz de trivializar; es decir, de no darle importancia a las cosas, ni a las nimias. Mi mente no tiene un baremo para graduar la importancia de los conflictos o errores sociales. Para mí todos son grandes. Mi mente rígida se queda enganchada en el error y a su intensidad y no puede olvidar con facilidad.

Ahora esas percepciones y sensaciones las puedo modificar un poco, pero todavía cuestan. Sigo sin poder trivializar los errores o lo que yo siento como errores. Ahora, en lugar de resistirme a los bucles dolorosos, dejo que fluyan... me dejo llevar por mis pensamientos reiterativos hasta que por puro cansancio mi mente se adormece...

Escribir, escribir me ayuda a que se adormezcan antes...

sábado, 22 de abril de 2017

¿Os he hablado de mis "Distorsiones Cognitivas"?



¿Os he hablado de mis "Distorsiones Cognitivas"?

Poco a poco voy entendiendo algunos de mis desajustes sociales. He ido descubriendo que mi mente, a veces, me "engaña". A veces magnifica o malinterpreta la realidad social,  la distorsiona. Por este motivo decidí buscar respuestas, porque estas malinterpretaciones generaban conflictos desmesurados y me hacían meterme en un bucle de pensamientos negativos intensos de los que no podía desprenderme con facilidad.

¿Cuáles son las Distorsiones que he ido identificando?
Estas son algunas que he ido identificando: 
  • Puedo malinterpretar un tono de voz. Si alguien me habla en tono serio, puedo pensar que está enfadado y eso me desregula emocionalmente (ya lo he comentado en otras entradas del blog)
  • Lo mismo me pasa con algunas miradas o "no-miradas", con gestos.
  • Me cuesta trivializar las bromas. Me las tomo muy en serio y las interpreto en negativo. Pienso que están hechas para hacer daño, aunque me las diga una persona allegada.
Posiblemente tengo más distorsiones que todavía no he identificado, pero espero irlas descubriendo para aprender a manejarlas. 

¿Por qué distorsiono la realidad social?

Creo que empiezo a comprender lo que hace mi cerebro para crear esas distorsiones. Buscando información, creo que es una Pobre Coherencia Central "Social". 

Me explico. 
No, no es que tenga un pensamiento desorganizado, lo que me pasa es que solo me fijo en ciertos detalles y no en la globalidad, en el contexto y no identifico el sentido o significado social. 

Os pongo algún ejemplo. 
Hace apenas unos pocos años entendí las diferencias entre bromas y burlas. ¿Cómo? Preguntando. Me atreví a preguntar.  

Estaba en una reunión social con mi marido y tres amigos. Mi marido se estaba "mofando" de las series de televisión que le gustaba a una de nuestras amigas y yo sentí vergüenza ajena por ello. Según decía mi marido, eran series de "marujas" o algo así. Yo no entendía como ella no se molestaba. Si el comentario me lo hubiese hecho a mí y en público, con mas gente, me hubiese enfadado por siglos. Yo hubiese interpretado algo así: "como te gustan series de marujas, eres una maruja" (entendiendo el apelativo de "maruja" como persona simple y tonta). 

Yo miraba a la amiga, y me sorprendía ver que ella no se enfadaba e, incluso, estaba contenta. ¡¡¡¡¡¡No entendía nada!!!!! Así, que me dirigí a ella y le pregunté si no le molestaba el comentario de mi marido. Ella me dijo que no y me lo explicó de tal manera que es cómo si despertase de un sueño. 

Me dijo algo así: 
No me molesta lo que me acaba de decir tu marido porque: 
  • Le conozco desde hace varios años y durante todo este tiempo me ha demostrado que es "buena persona". Nunca me ha hecho nada para molestarme y no tendría sentido que lo hiciera ahora.
  • Además, fíjate dónde estamos: estamos en una cafetería para pasar un rato juntos, para pasarlo bien.
  • Las bromas son un "juego social" para pasarlo bien. El me "pincha" y a mi me gusta que me pinche porque luego le pincho yo a él y así nos reímos los dos...

Mi amiga me lo explicó a la perfección. Ese día entendí todo de repente, como si acabara de despertar de un sueño y, pensé "que pena no haberlo entendido antes, me hubiese evitado tantos enfados ridículos". 

Es cierto que mi mente sigue sintiéndolo, de primeras, como una ofensa y tiene que hacer un trabajo consciente de análisis de la realidad, pero ahora se que mi mente es la que distorsiona, magnifica y me lo hace pasar mal. Desde que se como funciona esto de las bromas, yo he empezado a reírme de mí y a trivializarlas... Ha sido un gran alivio.

¿Que hace mi cerebro en esa situación?

Se centra en un detalle: en lo que se dice (solo se centra en el "mensaje verbal"), pero no lo contextualiza. No me percaté de eso de la "historia de amistad" (alguien que te aprecia, no te diría cosas para hacer daño de forma intencionada. Sabes que alguien te aprecia cuando la experiencia con esa persona ha sido de afabilidad durante todo el tiempo que la conoces). Tampoco contextualizé el mensaje verbal en el lugar. No me fije que lo que se dijo, se hizo en un "contexto amigable", con un grupo de gente agradable, en un lugar donde se habla y se va a pasarlo bien.

Por otro lado, no le di sentido o simbolismo social. No había pensado que a la gente le gusta pincharse para pasarlo bien, que es un "juego social".  ¡¡¡¡Nunca se me ocurrió¡¡¡¡¡

Mi cerebro, pues, se queda fijado en la "literalidad" de lo que la otra persona dice, solo en sus palabras, y no infiere, no contextualiza ("lo que se dice, como se dice, dónde se dice, para que se dice".... ufffff¡¡¡¡)

Otro ejemplo de como mi cerebro distorsiona la realidad es cuando malinterpreto tonos de voz. Por ejemplo, a veces, mi marido me llama en un tono que yo interpreto imperativo y me enfada (antes me enfurecía), cuando en realidad, solamente, me está llamando y sin mala intención. Me percato de que no hay mala intención cuando, a posteriori, asocio su voz al contexto: me llamaba para que viera algo interesante, o para comentarme algo interesante, no para molestarme....

Y, os podría poner más ejemplos... ji ji ji. 

Ahora se que soy yo la que malinterpreta intenciones, por eso mis enfados han disminuido. No me siento mal al saber que SOY YO, que es MI CEREBRO el que a veces distorsiona la realidad... Lo bueno es que ahora lo estoy empezando a controlar, como John Nash aprendió a controlar sus alucinaciones. 


domingo, 16 de abril de 2017

"Ser Individual" en un mundo de "Personas-Borg".



Hace algún tiempo que pienso en mí como un ser "desconectado" de la colmena común, como un ser individual. Creo, siendo sincera conmigo misma, que no me he esforzado lo suficiente para pertenecer a la colmena. 

Pero, una reflexión: me pregunto si los integrantes de la colmena tienen que hacer esfuerzos para pertenecer a ella o simplemente pertenecen a ella sin más, sin pensar. 

A veces se me antoja imaginar que soy un ser aterrizado en un mundo lleno de Borg, esos personajes de la serie Stark Trek. Los Borg son unos seres que tienen sus mentes conectadas a una colmena, a una mente colectiva, controlada por la Reina Borg. 

Se me ocurre pensar, que igual que los Borg, las personas están interconectadas entre sí y que, de alguna manera más o menos inconsciente, se dejan llevar por los convencionalismos y exigencias sociales (controladas por la Reina Borg): 

Tener una "familia envidiable" es el objetivo principal de las mujeres-borg. Y, para ello, hay que pasar por una serie de fases:

Tener amigos --> Tener novio --> Tener marido --> Tener hijos --> Ser abuela. 

Todo lo demás, es secundario en la vida de las mujeres-borg.

Y, que pasa, cuando naces "desconectada" y no sientes los convencionalismos sociales y no puedes compartir sus intereses, ni expectativas, ni deseos.

Que pasa cuando solo piensas en ti misma, y esos deseos personales no constituyen los esperados por la tribu borg. Que pasa cuando no tienes una mente colmena. 

Al principio, te dejas llevar por las exigencias de la colmena, pero llega un momento en el que tienes que escoger: dejarse llevar por la mente individual o por la mente colmena. Si te dejas llevar por la mente individual te tildarán de egoísta, de "poca mujer", de "mala mujer" y otros apelativos. Hay que ser muy fuerte para enfrentarse a la Reina Borg y decidir ser uno mismo. Si escoges seguir las expectativas de la mente colectiva, entonces te espera la medicación para adormecerte y no hacerte pensar. Te asimilarán a su especie.

.... Qué decides...